EL DERECHO A NO PROTESTAR

 

El Derecho a no protestar

Los reclamos de aquellos que luchaban por sus derechos se vieron interrumpidos frente a la aparición de la policía local.

                                    Sábado 17 de junio, Jujuy. 


El día sábado en las calles de Jujuy se podía escuchar el canto de aquellos que reclamaban por sus derechos, no se sabía si el viento estaba a su favor o si era la aglomeración de una multitud jamás antes vista. 
Por un lado se podía ver como los docentes pedían por un salario digno, por otro a los pueblos originarios luchando sobre la toma de decisión sobre sus tierras, y al resto de personas apoyando la petición de sus compañeros ciudadanos. Cada uno tenía una razón para protestar pero aún así todos se encontraban unidos independientes de sus razones. Las últimas decisiones tomadas en la provincia, impulsadas por el gobernador Morales y las amenazas dictadas por este, alegando con criminalizar las protestas, mas allá de apaciguar a la gente aumentó el descontento de estos logrando la atención de más protestantes.     

Sin embargo el sol jujeño y los cantos de lucha se vieron interrumpidos por una enorme nube gris, pero esta no era producto de la naturaleza. En el aire se podía ver como el gas lacrimógeno de la represión invadía las protestas, las cuales junto con balas de goma intentaban llamar las voces de la población a manos de la policía jujeña.

Se podía visualizar como aquellos docentes, los mismos con los que se compartían centenarios de mañanas, los que participaban en la formación de futuros ciudadanos, los que enseñaban de democracia y de cómo se tenía que luchar por los derechos legítimos, acompañado de la enseñanza de que la violencia no es la solución, fueron arrastrados por la policía hasta ser detenidos y gravemente heridos, sin derecho alguno. Morales exigió a los docentes volver a sus puestos de trabajo, sin importar que le toque ver a los alumnos como aquel docente que le impartía enseñanzas volver con la cabeza vendada o el ojo morado por los golpes.  

No había ciudadano que pudiera librarse de aquella cacería, participaras o no de las protestas. Se intentaba llamar a los ciudadanos a través de reformas en la constitución realizadas de manera apresurada, y también se buscaba llamarlos a punta de arma. Las fuerzas represivas decidieron avanzar con crudeza desde un primer momento. Las imágenes y videos que hicieron circular los propios protestantes o los familiares de estos por todo el país fueron lo suficientemente explícitos como para expresar detalladamente la violencia ejercida. 

El día ya estaba llegando a su fin pero no así los sucesos de este, la represión fue disminuyendo mientras se acercaba la noche, tal vez las comisarias ya se encontraron atestadas de gente o había una permanente resistencia de la población. Pero el conflicto lejos de aminorarse por las amenazas verbales de Gerardo Morales y los ataques policiales, parece seguir un rumbo creciente con nuevos llamados a paros y movilizaciones para que se manifiesten en contra del gobierno provincial.

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